martes, 26 de marzo de 2019

Valparaíso

¿Cómo no escribir poesía estando en Valparaíso?
¿Cómo no ser poeta en Valparaíso?
¿Cómo no ser pintor, no ser fotógrafo en esta ciudad de casas amontonadas, unas sobre otras, mostrando lo patético, lo descontrolado, lo vulnerable y lo súblime del ser humano?
¿Cómo no estremecerse en Valparaíso? ¿Cómo no hacerlo?
Aunque esté cliché, trillado, manoseado. 
La locura del hombre disfrazada de bohemia,
 la demencia del hombre disfraza de libertad
¿Cómo no hacer música? ¿Cómo no gritar?
Valparaíso y lo oscuro, Valparaíso y el arte, chocando y colisionando 
tanto
que estamos todos medios
perdidos, todos medios
dementes.
Valparaíso superó a los clichés, 
es como una mezcla entre 
la locura
de todas las generaciones
sin descanzar.
Nunca se acaba.
Los años veinte, los sesenta, 
los noventa, todo junto, como una sopa de épocas
muy circular;
Valparaíso no es líneal, no tiene historia.
Simplemente se regenera en el tiempo, tomando un poco de 
atrás y de adelante 
¡claro! como un ebrio.
Perdónenme que lo diga, pero Valparaíso está ebrio e hipnotizado.
Los carnavales le hacen la guerra, pero muchos de los que los disfrutan
son los que no durmieron anoche.
Ahí los veo ahora, con la luz del día,
parecen muertos vivientes.
¿Cómo no enloquecer en Valparaíso?
¿Cómo no enloquecer?
¿Quién se acuerda del mar en Valparaíso?
estando entremedio de la gente y los espectaculares edificios en sus espectaculares cales y pasajes, subiendo por sus espectaculares escaleras infinitas...
¿Quién se acuerda de mar?
si está cada vez más lejos.

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